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Resistencia a la insulina ¿Qué es y como revertirla?

Resistencia a la insulina ¿Qué es y como revertirla?

Mayo 12, 2021

Afecta a más del 25% de la población

Según los últimos estudios epidemiológicos, la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) afecta en España a un 13,8% de la población, y casi la mitad de ellos (6%) lo desconocen. Además, la proporción de personas que padecen glucemia basal alterada y/o intolerancia a la glucosa, estados generalmente precedentes a la diabetes (también llamados pre-diabetes), es aún mayor (alrededor de un 14,8%).

Tanto la DM2, como la intolerancia a la glucosa y la glucemia basal alterada tienen casi siempre un denominador común y detonante: la resistencia a la insulina.

A diferencia de la diabetes, para detectar la resistencia a la insulina es necesario realizar analíticas de sangre que no se solicitan rutinariamente y que no están disponibles en muchos centros. Sin embargo, la resistencia a la insulina es una condición reversible en casi todos los casos con cambios en el estilo de vida (alimentación y actividad física principalmente) y por eso es tan importante detectarla a tiempo y tratarla.

Antes de explicar qué es la resistencia a la insulina hay que entender qué es la insulina y qué función tiene en el cuerpo. La insulina es una hormona peptídica (compuesta de aminoácidos) sintetizada en las células beta del páncreas, y su principal función es regular el metabolismo de los hidratos de carbono.

La insulina actúa como una llave

La insulina es sintetizada y liberada en el torrente sanguíneo en respuesta a un aumento de los niveles de glucosa en sangre. Como vemos en la figura 1, cuando la glucosa entra en la célula beta pancreática se activan unos mecanismos que promueven inicialmente la liberación de la insulina preformada y posteriormente su síntesis a través de los precursores de la insulina.

Figura 1. Esquematización del mecanismo síntesis y liberación de la insulina en la célula beta pancreática en respuesta a la glucosa. Diseñado con Biorender

De manera muy esquemática la insulina actúa como una llave que abre las puertas de la célula, permitiendo la entrada de la glucosa desde el torrente sanguíneo a su interior. En la figura 2 vemos cómo la insulina, al unirse a su receptor, provoca una cascada de señales que lleva a la movilización del transportador de glucosa a la superficie, entrando la glucosa y disminuyendo los niveles en sangre.

Figura 2. Esquematización del mecanismo de acción de la insulina. Diseñado con Biorender

Además de controlar los niveles de glucosa en sangre, la insulina ejerce un efecto anabólico (es decir, de construcción o formación) en casi todos los tejidos de nuestro cuerpo.

En concreto, en el hígado y en el músculo induce la síntesis de glucógeno (principal forma de almacenamiento de glucosa) e inhibe la síntesis de glucosa. En el músculo también promueve la síntesis de proteína e inhibe su degradación. En el tejido adiposo inhibe la lipólisis (metabolización de las grasas para obtener energía).

El “círculo vicioso” de la resistencia a la insulina

La resistencia a la insulina consiste en una pérdida de sensibilidad de muchos tejidos del cuerpo a la acción de esta hormona; o lo que es lo mismo, una falta de respuesta biológica a niveles normales de insulina.

Como podemos ver representado en la figura 3, se produce un fallo en la cascada de señales que provoca que no se movilicen los transportadores de glucosa a la superficie celular. Esto produce que la glucosa no pueda entrar en la célula, permaneciendo en la sangre.

Figura 3. Representación esquemática de la resistencia a la insulina a nivel celular. Diseñado con biorender.

El motivo por el cual esto ocurre no se sabe con certeza, pero se sabe que está vinculado a una exposición prolongada a niveles elevados de insulina, citoquinas pro-inflamatorias y ácidos grasos (1) que provoca una internalización de los receptores de insulina. Esto probablemente genere una retroalimentación positiva (“círculo vicioso”), ya que al aumentar los niveles de glucosa aumentan los niveles de insulina; y esto a su vez aumenta la resistencia a ésta.

El camino a la diabetes mellitus

Como hemos comentado al principio de este artículo, la resistencia a la insulina es el primer paso del camino al desarrollo de diabetes mellitus tipo 2.

Debido a la falta de efecto de la insulina, el páncreas comienza a producir más insulina para conseguir mantener los niveles de glucosa en sangre estables (hiperinsulinemia compensadora). Esta hiperinsulinemia facilita la ganancia de peso en grasa (lipogénesis), lo que unido al sedentarismo y otros factores acaban provocando unos niveles de glucosa en sangre elevados, pero que no llegan a considerarse diabetes y que se manifiesta en forma de intolerancia a los hidratos de carbono o glucemia basal alterada. En la exploración física la resistencia a la insulina puede manifestarse como lesiones en la piel en forma de estrías negruzcas que suelen aparecer en cuello y axilas (acantosis nigricans).

Si el exceso de peso (principalmente el que se acumula en la cintura), la falta de ejercicio y la alimentación no se corrigen, la resistencia a la insulina puede ir aumentando hasta producir una Diabetes Mellitus (tipo 2), definida como: valores de glucemia igual o mayores a 126 mg/dL en ayunas (o igual o mayores de 200 mg/dl tras una sobrecarga oral de glucosa, o en cualquier momento en presencia de síntomas); o de hemoglobina glicosilada igual o mayor a 6,5%.

La resistencia a la insulina además de alterar el metabolismo de la glucosa, se relaciona con las siguientes condiciones:

  • Hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia

  • Hipertensión arterial

  • Enfermedad del hígado graso no alcohólico

  • Riesgo de ciertos tipos de cáncer (endometrio, colon, mama)

  • Enfermedad de Alzheimer

  • Fibrilación auricular, disfunción diastólica y albuminuria

  • Niveles elevados de ácido úrico

  • Síndrome de ovario poliquístico

  • Hiperandrogenismo y anomalías en la reproducción

Cuando concurren tres o más de los siguientes criterios en una misma persona: glucemia basal alterada o en rango de diabetes, obesidad abdominal, hipertensión y dislipemia (en forma de colesterol-HDL bajo o triglicéridos altos) se denomina síndrome metabólico, y aumenta considerablemente el riesgo de padecer enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular (ictus)

Factores de riesgo

Los factores de riesgo para el desarrollo de diabetes mellitus tipo 2 son principalmente: el exceso de peso (la obesidad central), la presencia de una alteración previa del metabolismo de los hidratos de carbono, la edad, el sexo masculino y antecedentes de diabetes en la familia Existe una fuerte predisposición genética aunque ésta de por sí no es causante de la enfermedad.

Otros factores de riesgo modificables posiblemente sean el estrés y la falta de sueño si se producen de forma crónica. Ante una situación de estrés, el organismo secreta hormonas contrarreguladoras como la adrenalina o el cortisol, que inhiben la acción de la insulina y aumentan la glucemia (cantidad de glucosa en sangre).

El uso de algunos medicamentos también se ha asociado con un mayor riesgo de resistencia a la insulina; como los anticonceptivos orales, los glucocorticoides y algunos antirretrovirales.

El embarazo y la adolescencia, son estados fisiológicos que también pueden provocar una resistencia a la insulina, pero que revierte cuando acaba el periodo de cambio.

Cómo prevenirla

La prevención consiste en evitar aquellos factores de riesgo sobre los que podemos actuar, como el sobrepeso o la alimentación inadecuada entre otros. Por esto, es recomendable:

  • Realizar ejercicio físico moderado, tanto de resistencia como de fuerza. El ejercicio mejora la sensibilidad a la insulina en los músculos y aumenta su captación de glucosa de forma independiente a la insulina.

  • Evitar alimentos de alto índice glucémico. El índice glucémico es una medida de la rapidez con la que un alimento puede elevar el nivel de glucosa en la sangre. Los alimentos con azúcar como: la bollería, los refrescos, el pan blanco, la patata, el arroz y las pastas refinadas, etc. tienen un alto índice glucémico. Los alimentos en su forma integral (pan, pasta, arroz, etc) tienen menor índice glucémico y son más saludables.

  • Incluir grasas saludables como las presentes en aceite de oliva y frutos secos, priorizando los alimentos de origen vegetal frente a los de origen animal. Evita las grasas saturadas y especialmente las trans.

  • Evitar el consumo de alcohol .

  • Mantener una higiene del sueño saludable, intentando mantener los horarios.

  • Controlar el estrés. Técnicas como la respiración diafragmática o el mindfulness son de gran utilidad para muchas personas.

Es reversible en la mayoría de casos sin necesidad de medicación

En la mayoría de los casos, el tratamiento va a consistir en la pérdida de peso: pequeños cambios en el peso corporal (a partir de pérdidas de tan sólo un 5-10%) aportan beneficios importantes para la salud, pero tienen que ser mantenidas. La pérdida de peso debe ser un proceso que implique todas las esferas de la vida y que suponga cambios que se puedan mantener en el tiempo, huyendo de “dietas milagro” que a corto plazo pueden disminuir el peso principalmente a expensas de la masa muscular y a largo plazo pueden incluso tener “efecto yo-yó” aumentando el peso en forma de masa grasa.

Lo mejor que puedes hacer si te diagnosticaron resistencia a la insulina en relación con exceso de peso, es dejarte aconsejar por un especialista en nutrición, ya que no solo va a personalizar tu alimentación en función de tus características personales, sino que también te va a dar trucos y hábitos para adherirse. Además de la alimentación, como parte del programa de pérdida de peso, es esencial la actividad física aeróbica y anaeróbica.

En casos muy severos y tras una valoración médica completa e individualizada, puede ser necesario el uso de medicación. En estos casos también puede resultar efectiva la cirugía bariátrica.

Cómo detectarlo a tiempo

El diagnóstico de la resistencia a la insulina antes de que haya alterado el metabolismo de los hidratos de carbono es muy infrecuente, no porque sea poco prevalente, sino por dos motivos principalmente. En primer lugar, porque como hemos visto, los síntomas de la resistencia a la insulina pueden ser poco evidentes para el personal médico no entrenado. En segundo lugar, porque para detectarlo es necesario realizar analíticas de sangre que no se solicitan de forma rutinaria y que ni siquiera están disponibles en muchos centros.

El HOMA-IR (Homeostasis Model Assessment - Insulin Resistance) consiste en un parámetro basado en un modelo matemático y que se considera el mejor predictor de la resistencia a la insulina. Para su cálculo se utilizan solo dos variables: la glucosa y la insulina plasmática en ayunas.

En Melio incidimos mucho en la importancia de la prevención y el diagnóstico precoz, y es por esto que incluimos el HOMA-IR en nuestro Perfil plus y en nuestro Test de Diabetes. Si se detecta la resistencia a la insulina antes de que haya progresado a diabetes, es mucho más fácil de revertir aplicando los cambios nutricionales y de estilo de vida adecuados. Y sobre todo, vamos a disminuir el riesgo cardiovascular y de otras enfermedades.

Referencias

  1. Ros Pérez, M., & Medina-Gómez, G. (2011). Obesidad, adipogénesis y resistencia a La insulina. Endocrinología Y Nutrición, 58(7), 360-369. doi:10.1016/j.endonu.2011.05.008

  2. Acevedo, M. (2006). Resistencia insulínica e hipertensión arterial I: mecanismos. Medwave. doi: 10.5867/medwave.2006.06.2305

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